Plantar árboles ayuda contra el calor urbano.
Pero plantar cualquier árbol, en cualquier lugar y de cualquier manera, no produce el mismo resultado.
Una revisión internacional de 182 estudios realizada en 110 ciudades y regiones encontró diferencias enormes según el tipo de árbol, el clima y la forma de las calles y edificios. En determinadas condiciones, la sombra y la evapotranspiración pueden reducir fuertemente la exposición térmica a nivel peatonal.
Uno de los factores más importantes es una copa amplia.
Los árboles con mayor densidad y superficie de hojas bloquean más radiación solar. El efecto resulta especialmente importante sobre asfalto, que puede alcanzar temperaturas muy superiores a una superficie sombreada.
También importa disponer de agua.
Un estudio realizado en Barcelona durante condiciones de ola de calor encontró reducciones de hasta 3,2 °C en estrés térmico cuando los árboles tenían suficiente humedad en el suelo. Incluso cuando el suelo estaba seco, la sombra seguía aportando protección.
Eso cambia cómo debería pensarse una ciudad.
No basta con contar cuántos ejemplares existen.
Hay que estudiar dónde necesitan sombra los peatones, cuánto suelo permeable reciben las raíces, qué especies resisten el clima futuro y cómo distribuir árboles también en los barrios más calientes.
Un análisis global publicado en 2026 mostró además que los beneficios actuales de la cubierta arbórea están repartidos de forma desigual, con mayores ventajas en zonas ya más favorecidas.
Un árbol urbano no debería elegirse porque queda bien en una fotografía institucional.
En una ciudad cada vez más caliente, también es infraestructura pública.
Y una infraestructura se diseña para proteger a quien la necesita.





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