La asociación Mec de la Rue presentó el viernes 9 de octubre denuncias por escrito ante la Fiscalía de Menores y el Defensor del Pueblo por la situación de una treintena de menores extranjeros no acompañados que llevan semanas viviendo y durmiendo en la calle en Melilla.
La entidad los describe como niños muy pequeños, de 12, 13 y 14 años. Se concentran sobre todo cerca del recinto amurallado, junto al puerto comercial. Fuentes policiales dijeron a EFE que han reaparecido los intentos de colarse en barcos como polizones para llegar a la península, algo que no se veía desde hacía varios años.
El contexto explica parte del problema. Las entradas irregulares de menores aumentaron de forma notable en julio y, a finales de ese mes, Melilla acogía a unos 360 menores, más de cuatro veces las 84 plazas que fija su declaración de contingencia migratoria.
Según la asociación, el centro de acogida de la ciudad sufre falta de personal y concentra a muchos menores en espacios compartidos. Las literas no parecían adecuadas para la edad y la complexión de algunos adolescentes, varias se rompieron y algunos chicos volvieron a dormir en colchones en el suelo.
Mec de la Rue pide investigar las causas que mantienen a estos menores fuera de los recursos de protección, como el hacinamiento, la falta de medios y el apoyo educativo insuficiente. Reclama valorar la situación individual de cada uno, revisar cómo responden los servicios de protección ante sus ausencias repetidas y reforzar el seguimiento, el trabajo en la calle y el apoyo social y psicológico. Y pide actuar con urgencia donde haya riesgo inmediato. La información disponible no incluye, por ahora, una respuesta de las administraciones.
Un niño de 12 años durmiendo a la intemperie no es un problema migratorio: es un fallo en la protección de la infancia. Una ciudad con 84 plazas y 360 menores no puede responder con literas rotas y colchones en el suelo.





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