Lenzetto, un espray de estradiol que usan mujeres en la menopausia y mujeres trans, lleva meses escaseando en las farmacias españolas. El problema empezó en marzo de 2026, con fallos en el dispositivo aerosol. Hoy el aparato ya está reparado, pero la demanda acumulada supera la capacidad de producción, según informa Público.
La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) espera nuevas unidades de Lenzetto en noviembre. Mientras tanto, la demanda se ha desplazado a otros productos, como los parches transdérmicos Evopad, que también tienen problemas de suministro. El gel de estradiol Oestraclin sí está disponible, pero no lo financia el Sistema Nacional de Salud.
¿Qué significa eso para quien lo necesita? Cuando la alternativa exige cambiar la receta, hay que volver a pasar por el sistema sanitario y sus esperas. Y quien no puede esperar tiene dos salidas: pagar de su bolsillo un medicamento no financiado o aguantar síntomas como los sofocos y los trastornos del sueño.
La AEMPS y las farmacias señalan la formulación magistral, la preparación elaborada por la propia farmacia, como último recurso. El Consejo General de Colegios Farmacéuticos la defiende con un argumento práctico: cuando no hay medicamento, es lo que queda. Pero la propia Agencia advierte de que la absorción puede ser menor y variable, es decir, de que el efecto resulta menos predecible.
El Ministerio de Sanidad asegura que trabaja para normalizar el suministro y que contactó con empresas para que financiaran alternativas, sin respuesta positiva. La AEMPS, por su parte, habla de «escasa colaboración» del laboratorio que comercializa Lenzetto, Gedeon Richter. Y el Instituto de las Mujeres ha pedido que se aborde el problema de forma prioritaria y urgente.
Un matiz importante: no es una falta total de tratamientos, y la AEMPS espera nuevas unidades de Lenzetto en noviembre. Pero ese calendario no es neutro para quien tiene síntomas hoy.
La menopausia afecta a todas las mujeres, y las mujeres trans también dependen del estradiol en su tratamiento hormonal. Cuando el suministro falla, el coste lo pagan ellas: en dinero, en tiempo o en malestar. Un sistema sanitario que se toma en serio la salud de las mujeres no puede permitir que un fallo industrial se convierta en una carga individual.





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