Imagen generada con IA
En Gaza, una pantalla sostenida entre ruinas puede convertirse durante unas horas en algo parecido a una ventana. El cine móvil de Gaza Sunbirds recorre campamentos de personas desplazadas para proyectar películas infantiles, repartir pequeños refrigerios y ofrecer a niños y niñas un espacio colectivo alejado del ruido de la guerra.
La iniciativa nace de Gaza Sunbirds, un equipo palestino de paraciclismo formado por deportistas con discapacidad que, desde octubre de 2023, amplió su labor para distribuir ayuda y apoyar a familias desplazadas. Ahora también transporta historias. Allí donde no queda una sala, instala una pantalla. Donde la infancia ha aprendido a reconocer explosiones, intenta recuperar por un momento las risas.
No se trata de presentar el cine como una solución humanitaria. Una película no reconstruye una escuela, no alimenta a una familia ni cura un trauma. Pero sí recuerda algo que la violencia intenta borrar: los niños de Gaza no son únicamente víctimas o cifras. Tienen derecho a jugar, imaginar, aprender y aburrirse sin miedo.
UNICEF advierte de que más del 90% de las escuelas de Gaza han resultado dañadas o destruidas y que el 60% de la población escolar sigue sin acceso presencial a la educación. Además, más de 335.000 menores de cinco años corren riesgo de sufrir graves retrasos en su desarrollo por el colapso de los servicios destinados a la primera infancia.
Por eso esta pantalla improvisada tiene un significado que va más allá del entretenimiento. No normaliza la guerra. Hace exactamente lo contrario: demuestra todo lo que una guerra roba cuando obliga a una comunidad a convertir una lona, unas sillas y un proyector en el último refugio de la infancia.
En Gaza, proyectar una película también es negarse a que las bombas escriban el final.