Foto: Álex Zea / Europa Press
Málaga volvió a salir a la calle por una razón sencilla: vivir en la ciudad se está volviendo imposible para quienes la sostienen.
Miles de personas se manifestaron bajo el lema “Ni alquileres por las nubes, ni salarios por los suelos”, en una protesta convocada por el colectivo Málaga para Vivir. La movilización partió de la plaza de la Merced y fue la cuarta desde 2024 contra la crisis de vivienda, la precariedad laboral y un modelo urbano que expulsa a sus propios vecinos.
La frase resume una fractura brutal. Los precios suben como ciudad de lujo. Los salarios siguen pegados al suelo. El resultado es una ciudad donde trabajar ya no garantiza poder quedarse.
Cadena SER recogió testimonios de jóvenes y familias que denuncian alquileres por encima de los 1.000 euros y viviendas imposibles incluso en barrios humildes. También señaló que Málaga aparece como una de las ciudades donde más esfuerzo económico exige acceder a una vivienda.
El problema no es solo turístico. Es un modelo. Pisos convertidos en inversión, barrios convertidos en escaparates, vecinos convertidos en estorbo. La ciudad se vende hacia fuera mientras se vuelve inhabitable hacia dentro.
Málaga para Vivir exige medidas como protección frente a desahucios, prórroga de alquileres y políticas reales para frenar una emergencia que ya no cabe en discursos.
La vivienda no puede depender solo de cuánto aguanta una familia antes de marcharse. Porque cuando una ciudad expulsa a quienes limpian, cuidan, sirven, enseñan, reparten y sostienen la vida diaria, algo deja de funcionar.
Málaga no protesta contra vivir mejor. Protesta contra un lujo que se alimenta de echar a sus vecinos.
El lema lo dice todo: no se puede tener alquileres por las nubes y salarios por los suelos sin romper una ciudad por dentro.