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La NASA ha lanzado una advertencia que no debería pasar desapercibida: un fenómeno de El Niño podría intensificarse este verano, provocando olas de calor de una intensidad sin precedentes en Europa y especialmente en la Península Ibérica.
El Niño es un patrón climático natural que calienta las aguas del Pacífico y altera los patrones meteorológicos globales. Cuando se combina con el calentamiento de fondo provocado por el cambio climático, los efectos se multiplican. Los modelos de la agencia espacial estadounidense apuntan a un verano extremo: temperaturas que podrían superar récords históricos en varias regiones de España, mayor riesgo de incendios forestales y una presión brutal sobre los sistemas de salud pública.
España ya vivió en veranos recientes episodios de calor extremo que causaron miles de muertes, principalmente entre personas mayores y poblaciones vulnerables. La pregunta no es si estamos preparados para lo que viene. La pregunta es si hemos aprendido algo de lo que ya ha pasado.
La respuesta, lamentablemente, dista de ser tranquilizadora. Los planes de contingencia siguen siendo insuficientes, la adaptación de las ciudades al calor avanza lentamente y el discurso negacionista climático sigue teniendo demasiado espacio en el debate político.
El clima no espera a que nos pongamos de acuerdo. Y el precio de no actuar lo pagan, una vez más, los más frágiles.