Fuente EFE
Lamine Yamal expresó su solidaridad con el pueblo palestino. No hizo ninguna declaración política elaborada. No llamó a nada. Solo mostró, como tantas personas en el mundo, empatía hacia una población civil sometida a un conflicto que ha causado decenas de miles de víctimas mortales, en su mayoría civiles.
La respuesta de algunos sectores fue acusarle de incitar al odio.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, salió en su defensa cuestionando a quienes equiparan una expresión de solidaridad con el pueblo palestino con un discurso de odio. Y tiene razón en lo esencial: solidarizarse con las víctimas civiles de un conflicto no es odio. Es humanidad básica.
Lo preocupante no es solo que alguien haya intentado criminalizar ese gesto. Lo preocupante es que un futbolista de 18 años tenga que pensárselo dos veces antes de expresar lo que siente, porque sabe que habrá consecuencias. Eso habla de un ambiente en el que ciertas solidaridades están permitidas y otras, no.
La libertad de expresión no es un privilegio para unas causas sí y otras no. O se aplica para todos, o no es libertad: es selección.
Que el gesto de un joven de mostrar empatía hacia niños muertos en una guerra genere semejante tormenta dice más de quienes atacan que de quien simplemente decidió no mirar para otro lado.