Fuente El País
Mientras las administraciones públicas impulsan la compra de vehículos nuevos como principal vía hacia la movilidad sostenible, una alternativa con enorme potencial continúa relegada a un segundo plano: el retrofit eléctrico, el proceso mediante el cual un vehículo de combustión se transforma en un coche eléctrico. Expertos del sector consideran que esta tecnología podría desempeñar un papel clave en la transición ecológica, pero denuncian que sigue frenada por obstáculos burocráticos, elevados costes de homologación y una escasa apuesta institucional.
La conversión de vehículos térmicos en eléctricos representa una de las aplicaciones más avanzadas de la economía circular. En lugar de retirar millones de automóviles que aún son funcionales, el retrofit permite prolongar su vida útil sustituyendo el motor de combustión por un sistema eléctrico. De esta manera se reducen las emisiones asociadas tanto al uso del vehículo como a la fabricación de nuevos automóviles, un proceso que requiere grandes cantidades de materias primas, energía y recursos industriales.
Además de sus beneficios medioambientales, el retrofit podría convertirse en una herramienta estratégica para reforzar la soberanía energética de los países dependientes de las importaciones de petróleo. La sustitución progresiva de combustibles fósiles por electricidad procedente de energías renovables contribuiría a reducir la dependencia exterior y a fortalecer la seguridad energética.
El impacto social también es uno de los argumentos más destacados por sus defensores. La electrificación de vehículos ya existentes permitiría a miles de familias acceder a una movilidad libre de emisiones sin asumir el elevado coste de adquirir un automóvil nuevo. En un contexto marcado por el aumento del precio de los vehículos y las restricciones derivadas de las Zonas de Bajas Emisiones, esta solución podría facilitar una transición ecológica más justa e inclusiva.
Asimismo, el desarrollo de una red de talleres especializados en electrificación de vehículos generaría nuevos puestos de trabajo cualificados y fortalecería el tejido productivo local. Para numerosos especialistas, apostar por el retrofit eléctrico significa avanzar hacia una transición energética, una movilidad sostenible y una economía verde que beneficie tanto al medio ambiente como a las clases trabajadoras, evitando que la transformación ecológica se convierta en un privilegio reservado para quienes pueden permitirse comprar un coche nuevo.