Europa Press
El brote de ébola declarado a mediados de mayo en el este de la República Democrática del Congo sigue agravándose y roza ya los 2.470 contagios, con más de 965 personas fallecidas, según los últimos datos oficiales. La situación mantiene en alerta a la comunidad internacional ante el riesgo de expansión del virus.
El balance más reciente del Instituto Nacional de Salud Pública cifra en 2.344 los casos detectados y 930 las muertes, con cientos de pacientes aún hospitalizados o en aislamiento y varios centenares de personas recuperadas. La tasa de letalidad se sitúa cerca del 40%, reflejo de la gravedad del brote.
La epidemia afecta ya a cinco provincias, con especial incidencia en Ituri, aunque también se han registrado contagios en Kivu Norte, Kivu Sur, Alto Uélé y Tshopo, donde preocupa especialmente la situación en Kisangani, un importante nodo de transporte que podría facilitar la propagación.
En este escenario, organizaciones como Médicos del Mundo advierten de un contexto “altamente complejo”, marcado por el conflicto armado, los desplazamientos de población y la debilidad del sistema sanitario. Además, el país se enfrenta simultáneamente a otras epidemias como cólera, sarampión y mpox, lo que multiplica la presión sobre los servicios de salud.
Los expertos alertan también del impacto de la desinformación, que dificulta la aceptación de medidas como la vacunación o la detección temprana de casos. Esta combinación de factores reduce la capacidad de respuesta y eleva el riesgo de mortalidad, no solo por el ébola, sino también por otras enfermedades que quedan desatendidas.
A pesar de que la RDC es el país con más experiencia en la gestión del virus —ha afrontado más de una docena de brotes desde 1976—, la actual crisis evidencia las dificultades de contener una epidemia en un entorno con recursos limitados y múltiples emergencias sanitarias simultáneas.