Durante años Donald Trump convirtió cualquier tropiezo, pausa o gesto de Joe Biden en argumento sobre su capacidad mental.
Ahora un vídeo viral ha invertido el juego.
El 18 de junio, Trump concedió la Medalla de Honor al mayor Nicholas Dockery. Las imágenes oficiales muestran al presidente intentando durante un tiempo prolongado cerrar la cinta detrás del cuello del militar. Al no conseguirlo con facilidad, acabó manipulándola de otra manera. La propia Casa Blanca conserva el vídeo completo del acto.
En redes apareció después un montaje paralelo con una ceremonia protagonizada anteriormente por Biden. Quienes cronometraron los clips sitúan aproximadamente en cinco segundos la operación de Biden y en torno a 48 la de Trump.
La comparación se hizo viral. Medios que siguieron el vídeo confirmaron que Trump tuvo dificultades tanto con el cierre como con la caja de la condecoración y que el contraste con Biden alimentó las burlas.
Ahora viene lo importante.
Atar una medalla no es un test de velocidad mental.
No permite diagnosticar demencia, deterioro cognitivo ni capacidad para gobernar. Puede intervenir destreza manual, visibilidad, diseño del cierre, nervios o simplemente un mal momento.
Exactamente por eso el vídeo resulta políticamente interesante.
Durante la presidencia de Biden, movimientos torpes, palabras confundidas y vídeos recortados fueron utilizados sistemáticamente para convertir segundos aislados en diagnósticos médicos improvisados. Algunos fueron incluso manipulados o presentados fuera de contexto.
Ahora Trump tiene 80 años.
Y una tarea simple le llevó mucho más tiempo que a Biden en el vídeo utilizado como comparación.
No demuestra una enfermedad.
Demuestra algo distinto:
lo poco científico que siempre fue aquel supuesto examen.





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