No fue un equipo profesional ni una cancha de fútbol.
La historia real ocurrió en la cancha Los Palafitos de Mejillones, en la región chilena de Antofagasta.
Un grupo de niños estaba jugando cuando descubrió que una madre picaflor había construido su nido en la malla de uno de los aros de básquet. Dentro había dos huevos.
Y avisaron.
La Municipalidad, junto con la Fundación para la Sustentabilidad del Gaviotín Chico, tomó una decisión poco habitual: cerrar completamente la cancha durante 60 días.
No movieron el nido para recuperar el espacio.
Movieron temporalmente las actividades deportivas a otros recintos para dejar tranquila al ave.
Después tocó esperar.
Más de un mes después llegaron las imágenes que justificaban la paciencia: los dos huevos habían eclosionado y tanto la madre como sus dos polluelos habían superado incluso un fuerte sistema frontal que afectó a la zona.
El ave fue identificada como picaflor del norte (Rhodopis vesper), una especie nativa chilena.
La historia tiene algo especialmente bonito porque la conservación no comenzó con especialistas buscando biodiversidad.
Comenzó con los propios niños.
Ellos vieron algo pequeño en medio del lugar donde querían jugar y entendieron que, durante unas semanas, la cancha podía pertenecer a alguien más.
El balón podía esperar.





Deja un comentario