Fuente EFE
El Mundial 2026 arranca envuelto en una fuerte polémica internacional tras la denegación de visados por parte de Estados Unidos a varios miembros clave de la selección de fútbol de Irán, generando una crisis sin precedentes en la historia reciente del deporte.
El Gobierno estadounidense ha bloqueado la entrada a quince integrantes de la delegación iraní, entre ellos el presidente de la federación, Mehdi Taj, obligando al combinado asiático a reorganizar completamente su participación en el torneo. Como consecuencia, el equipo ha tenido que instalar su base de operaciones en Tijuana (México), desde donde afrontará una exigente logística para disputar sus partidos.
La situación impone una condición extrema: los jugadores autorizados deberán cruzar la frontera el mismo día de cada encuentro en ciudades como Los Ángeles y Seattle, regresando a territorio mexicano inmediatamente después. Este modelo genera un desgaste físico y mental considerable en plena fase de grupos del Mundial 2026, donde Irán se medirá a Nueva Zelanda, Bélgica y Egipto.
Se trata de un hecho histórico sin precedentes: es la primera vez que una selección compite en una Copa del Mundo de Fútbol mientras existe un conflicto político directo con uno de los países anfitriones. La decisión ha despertado críticas y ha abierto un intenso debate sobre la relación entre política y deporte.
Sin embargo, en medio de la tensión diplomática, ha surgido una poderosa respuesta ciudadana. Decenas de aficionados se congregaron de madrugada en el aeropuerto de Tijuana para recibir al Team Melli, protagonizando una emotiva muestra de solidaridad internacional. Este gesto refleja el rechazo social a las restricciones políticas en el ámbito deportivo.
El equipo iraní permanece ahora concentrado bajo un fuerte dispositivo de seguridad en las inmediaciones del hotel y del Estadio Caliente, mientras recibe el apoyo constante de una afición binacional que lo considera un símbolo de resistencia y dignidad.