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El humo de los incendios que arrasan España no solo amenaza a quienes viven cerca de las llamas: la mala calidad del aire que genera puede afectar a ciudades situadas a cientos de kilómetros de distancia.
«Cuando hay un incendio, se producen partículas y gases por acción de la química atmosférica», explica Cristina Linares, investigadora del Instituto de Salud Carlos III, que advierte de que estos compuestos tóxicos «se alejan cientos de kilómetros del incendio».
El Ministerio de Sanidad ya recomendó en la Comunidad de Madrid el uso de mascarillas FFP2/95 y evitar la actividad física al aire libre, tras declararse la emergencia nacional por los incendios.
Entre los contaminantes más preocupantes destaca el ozono troposférico, un contaminante secundario del que Ecologistas en Acción alerta que se han registrado «una docena de superaciones del umbral horario de información a la población».
A esto se suman el dióxido de nitrógeno y las partículas finas PM10 y PM2,5, capaces de penetrar en los pulmones y el torrente sanguíneo, con un impacto sustancial sobre la salud humana.
Un estudio de Linares y Julio Díaz, también del ISCIII, confirma que el riesgo de ingreso hospitalario aumenta en los días con combustión de biomasa, y que los efectos sobre enfermedades cardiovasculares pueden llegar a ser «fulminantes».
Según los expertos del ISCIII, el área de aire afectada por un incendio puede llegar a ser de 15 a 20 veces mayor que la superficie quemada, por lo que incluso poblaciones lejanas pueden verse afectadas por la mala calidad del aire.
Linares reclama más sistemas de monitorización del aire en tiempo real y que la ciudadanía se acostumbre a consultarlos igual que consulta el tiempo en la Aemet.