Las aves marinas también sufren jet lag. Es la conclusión de un estudio de la Universidad de Oxford, publicado el jueves en la revista Science, que analiza 20 años de datos GPS de 1.045 pardelas pichonetas (Puffinus puffinus) y 3.688 viajes de alimentación. Su autor principal es Patrick Lewin, y el trabajo describe un auténtico jet lag en la naturaleza.
Los investigadores observaron que, después de los desajustes horarios, las aves se desviaban unos 15 grados en los vuelos de regreso hacia el este. Y el error persistía aunque pudieran seguir la costa visible, lo que indica que el reloj biológico influye en cómo se orientan. Para Lewin, los animales sufren en la naturaleza el mismo desajuste que los humanos cuando cruzan husos horarios.
El efecto práctico es limitado: la distancia extra que recorren es, como mucho, de unos cinco kilómetros por cada mil. El trabajo señala que podría ser más grave para aves jóvenes y sin experiencia, aunque deja abiertas preguntas sobre conductas críticas y efectos fisiológicos.
Otros científicos piden prudencia. Airam Rodríguez, del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC), recuerda que la brújula solar es más fiable para estas aves que la costa que ven, y que la desviación no supone un problema real para su supervivencia. José Manuel de los Reyes, del Instituto de Ciencias del Mar (CSIC), añade que casi todo lo que se sabe sobre migración procede de aves en cautividad, de modo que cualquier dato obtenido en libertad aporta información valiosa.
Conviene leerlo con sus límites: el estudio se basa en una sola especie y en viajes de alimentación, no en migraciones completas. Aun así, el estudio aporta datos obtenidos en libertad sobre cómo afecta a la fauna silvestre el desajuste de sus relojes internos, una pieza que los expertos consideran valiosa.





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