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La Unión Europea está cambiando su estrategia frente al cambio climático y pide a España que prepare sus infraestructuras y servicios para un escenario de hasta 3,3 grados de calentamiento global a finales de siglo. La recomendación supone asumir que las condiciones climáticas del futuro pueden ser mucho más extremas que las actuales.
El nuevo enfoque parte de una trayectoria de calentamiento de entre 2,8 y 3,3 grados para 2100, utilizada como referencia para planificar la adaptación. La idea es que carreteras, hospitales, sistemas de abastecimiento, cultivos e infraestructuras esenciales no se diseñen únicamente pensando en escenarios climáticos favorables.
España aparece entre los países especialmente expuestos. El aumento de las temperaturas puede traducirse en más olas de calor, periodos prolongados de sequía y un mayor riesgo de incendios forestales, problemas que ya están dejando consecuencias económicas y sociales.
La sequía, además, podría generar pérdidas de alrededor de 1.500 millones de euros anuales en España, según los datos recogidos en el análisis.
La UE plantea revisar los planes hidrológicos, las infraestructuras y los sistemas de alerta para afrontar fenómenos cada vez más extremos. La advertencia deja una conclusión clara: adaptarse al cambio climático ya no es una opción de futuro, sino una necesidad inmediata.