La tuberculosis es, todavía hoy, la enfermedad infecciosa que más personas mata en el mundo. No es un virus nuevo ni una amenaza desconocida: la vacuna BCG existe desde 1921 y el primer antibiótico eficaz, la estreptomicina, se descubrió en 1943. Y sin embargo, se calcula que una de cada cuatro personas en el planeta porta la bacteria de forma latente, y cada año sigue provocando la muerte de más de un millón.
La vacuna, explican desde el Instituto Francis Crick, protege bien a los bebés frente a las formas más graves, pero «esa protección se diluye con el tiempo» y no logra evitar la enfermedad en la edad adulta. A eso se suma que la propia bacteria, Mycobacterium tuberculosis, sabe sobrevivir dentro de las células que deberían destruirla y puede quedarse dormida de forma indefinida, lo que complica enormemente la investigación: crece con extrema lentitud y la ciencia todavía no entiende del todo sus mecanismos de infección.
Pero el obstáculo real no es solo biológico. Según los expertos consultados, combatir la tuberculosis pasa, sobre todo, por mejorar las condiciones de vida: nutrición, acceso a agua potable y vivienda digna. Es decir, combatir la pobreza. Los datos lo confirman: mientras la incidencia global de la enfermedad cayó un 12,3% entre 2015 y 2024, en América aumentó un 13% en el mismo periodo, según la Organización Mundial de la Salud. El sudeste asiático y África siguen siendo las regiones más golpeadas, y en América Latina Perú ocupa el segundo lugar en tasas proporcionales de la región.
No todo son malas noticias: Cuba, Bolivia y Surinam han logrado reducir su incidencia en los últimos años, prueba de que la tuberculosis no es una fatalidad biológica, sino también una cuestión de políticas públicas y voluntad. Mientras tanto, el tratamiento estándar sigue exigiendo más de seis meses combinando varios antibióticos a la vez, un régimen difícil de sostener para quien no tiene garantizados ni la comida ni el techo. La tuberculosis, en el fondo, no mata solo una bacteria: mata la desigualdad que impide tratarla a tiempo.





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