Europa Press
El debate sobre el absentismo laboral ha ganado protagonismo en los últimos años por el aumento de las bajas médicas y su impacto económico. Sin embargo, existe una realidad menos visible: la de los trabajadores autónomos, cuyas cifras reflejan una tendencia opuesta.
Mientras las bajas laborales entre asalariados han crecido de forma notable, entre los autónomos han disminuido. En los últimos tres años, los procesos de incapacidad temporal en este colectivo se han reducido un 3,5%, frente al aumento del 14% en trabajadores por cuenta ajena. Si se amplía la perspectiva desde la pandemia, la diferencia es aún mayor: un incremento del 55% en asalariados frente al 11% en autónomos.
A pesar de esta menor incidencia, las bajas de los autónomos son cada vez más largas. Actualmente, la duración media alcanza los 104,7 días, superando ampliamente los registros de años anteriores. En contraste, las bajas de los asalariados se mantienen estables, con una media de 38,8 días.
Este contraste evidencia una realidad clara: muchos autónomos evitan solicitar la baja médica hasta que su estado de salud es realmente grave. Según datos del sector, apenas hay 10,2 autónomos de baja por cada 1.000, una cifra muy inferior a los 38 por cada 1.000 asalariados.
Detrás de estos números hay un factor clave: el impacto económico. Cuando un autónomo se da de baja, deja de ingresar desde el primer día y, además, debe seguir afrontando gastos como su cotización a la Seguridad Social durante un tiempo. A esto se suma que las prestaciones suelen ser más bajas que las de los asalariados, ya que muchos cotizan por bases inferiores.
Desde organizaciones como UPTA advierten que esta situación provoca que más de 1,5 millones de autónomos no puedan permitirse enfermar. Para ellos, una baja supone en muchos casos paralizar su actividad, perder clientes e incluso poner en riesgo la continuidad del negocio.
Esta dinámica tiene también consecuencias sanitarias. Retrasar la visita al médico o continuar trabajando enfermo puede agravar las patologías, derivando en procesos más complejos y recuperaciones más largas. Por ello, cuando finalmente se solicita la baja, los periodos de recuperación suelen ser más prolongados.
Así, la realidad de los autónomos revela la cara menos visible del absentismo: no se trata de un exceso de bajas, sino de una falta de protección que obliga a muchos trabajadores a seguir activos incluso en condiciones de salud desfavorables.