La líder del partido Fuerza Popular e hija del expresidente Alberto Fujimori cuando fue detenida por un caso de lavado de dinero que la constructora Odebrecht le entregó en la campaña electoral de 2011, Keiko Fujimori. Composición de El Solidario con imágenes de archivo. Fuente EFE
Alberto Núñez Feijóo no ha tardado en felicitar a Keiko Fujimori tras conocerse su victoria electoral en Perú, calificando el resultado de «una gran noticia» no solo para el país andino, sino «para toda Hispanoamérica». El líder del PP aseguró estar «convencido» de que la «experiencia y larga trayectoria» de la nueva mandataria será clave para la estabilidad y la prosperidad peruanas. Lo que Feijóo no mencionó es que esa «larga trayectoria» incluye tres detenciones y dieciséis meses y medio en prisión por presunta financiación ilegal de campañas.
Keiko Fujimori, hija del expresidente Alberto Fujimori —condenado a 25 años de cárcel por los crímenes de lesa humanidad de Barrios Altos y La Cantuta, y fallecido en 2024—, arrastra desde 2018 el llamado caso «Cócteles», por presuntos aportes ilícitos de la constructora brasileña Odebrecht a sus campañas de 2011 y 2016. El 10 de octubre de ese año fue detenida por orden del juez Richard Concepción Carhuancho; ocho días después, el Tribunal Constitucional declaró esa detención inconstitucional. No sirvió de mucho: el mismo magistrado dictó apenas semanas más tarde 36 meses de prisión preventiva, que Fujimori cumplió en el penal de mujeres de Chorrillos hasta que, tras trece meses, un hábeas corpus ordenó su liberación en noviembre de 2019. En enero de 2020 volvió a ingresar en prisión por otros 15 meses, hasta que una sala de apelaciones revocó también esa medida. En total, tres detenciones y cerca de dieciséis meses y medio privada de libertad, con una Fiscalía que ha llegado a pedir 35 años de cárcel en su contra.
Ese es el currículum judicial de la dirigente a la que Feijóo pidió abiertamente el voto semanas antes de la segunda vuelta, dirigiéndose a la comunidad peruana en España en una intervención que ya entonces generó una fuerte controversia. No es un detalle menor: el líder de la oposición española eligiendo respaldar, entre varios candidatos, precisamente a la heredera política del fujimorismo, la corriente que sigue dividiendo a Perú entre quienes reivindican su legado económico y quienes denuncian sus violaciones de derechos humanos y su corrupción sistémica.
Cuando un dirigente conservador celebra la llegada al poder de alguien procesada tres veces por lavado de activos, la pregunta de fondo no es diplomática, es política: qué tipo de precedentes está dispuesto a legitimar el PP con tal de sumar aliados ideológicos en Latinoamérica. La estabilidad y la prosperidad que Feijóo desea a Perú suenan, cuando menos, incompletas si se construyen ignorando el pasado judicial de quien las promete.