Fuente Bird
La discusión sobre la Bauhaus vuelve a Europa con un eco inquietante del pasado. Lo que hoy plantea la ultraderecha alemana AfD como un debate sobre “elitismo” y “tradición” ya fue, hace casi un siglo, el argumento utilizado por el régimen de Adolf Hitler y el nazismo para perseguir una de las escuelas de arquitectura más influyentes del mundo.
A principios del siglo XX, la Bauhaus, fundada por Walter Gropius, fue señalada por sectores conservadores como una corriente “antialemana” y “elitista”. Con la llegada del nazismo, la presión política y económica se intensificó hasta su cierre definitivo en 1933, cuando el régimen de Hitler exigió a la institución abandonar sus principios y depurar a sus profesores judíos. La escuela optó por el exilio.
Un siglo después, el discurso reaparece con nuevos actores. La Alternativa por Alemania (AfD) ha puesto en cuestión la financiación pública de la Bauhaus en Dessau, acusándola de alejarse de la tradición arquitectónica alemana. El debate se produce en un contexto en el que el partido de extrema derecha gana influencia política en regiones como Sajonia-Anhalt.
La controversia no se limita a Alemania. En Estados Unidos, el expresidente Donald Trump ha impulsado iniciativas para que los edificios federales recuperen una estética “clásica”, inspirada en la arquitectura grecorromana, en oposición a la modernidad arquitectónica contemporánea. El discurso, según expertos, repite patrones históricos de confrontación cultural ya vistos en Europa en el periodo de entreguerras.
Historiadores como Katja Hoyer explican que la arquitectura se convierte en un campo de batalla simbólico porque “materializa la identidad nacional” y permite a las ideologías extremas proyectar su visión de sociedad en el espacio urbano. En el caso del nazismo, la imposición de estilos clásicos buscaba diferenciarse de la modernidad republicana anterior.
La directora de la Bauhaus en Dessau, Barbara Steiner, advierte de que estos ataques forman parte de una continuidad histórica: la acusación de elitismo y desconexión social se ha utilizado repetidamente contra la arquitectura moderna. Sin embargo, recuerda que la Bauhaus cuenta hoy con un amplio reconocimiento internacional que dificulta su aislamiento político.
Más allá del debate estético, el conflicto refleja una tensión más profunda entre cultura, ideología y poder. La arquitectura, como ocurrió bajo el régimen de Hitler, vuelve a convertirse en un terreno donde se disputan los modelos de sociedad y el relato de la identidad nacional.