Fuente Cruz Roja
Mientras los gobiernos negocian protocolos y los equipos militares se despliegan con sus propios tiempos, Cruz Roja Internacional lleva días en el terreno en Venezuela tras los terremotos del 24 de junio que han dejado más de 1700 muertos y 50.000 desaparecidos. Es lo que hacen las organizaciones humanitarias: llegar donde la respuesta oficial tarda, quedarse donde la atención institucional no alcanza.
La Cruz Roja española es una de las organizaciones con mayor red de voluntariado y capacidad de respuesta rápida en emergencias. Sus equipos de ERICAM —unidades de respuesta internacional— forman parte del contingente español desplegado en la zona de La Guaira, donde los edificios derrumbados atraparon a centenares de personas. Los perros adiestrados para la búsqueda y el rescate son, en estos momentos, uno de los recursos más valiosos sobre el terreno.
Pero más allá del rescate inmediato, Cruz Roja trabaja también en la fase que viene después: la atención psicológica a supervivientes y familias, la distribución de alimentos y agua en las zonas cortadas por los derrumbes, y el acompañamiento a las personas que han perdido su hogar y no tienen adónde ir.
Venezuela llegó a esta catástrofe con un sistema sanitario debilitado por años de crisis económica y un Estado con recursos muy limitados. La solidaridad internacional —de gobiernos, de ONGs y de ciudadanos— es lo que puede marcar la diferencia entre una crisis gestionable y una catástrofe humanitaria prolongada.
Cuando la tierra tiembla, lo que sostiene a las personas no son los edificios que quedan en pie. Son las redes de solidaridad que se activan cuando todo lo demás falla.
Si quieres colaborar con los equipos de Cruz Roja en Venezuela, puedes hacerlo a través de www.cruzroja.es.