Fuente Euronews
Mientras Europa debate quién paga la transición energética y los países ricos discuten qué porcentaje de renovables es «realista», dos países que no suelen protagonizar los titulares del ecologismo occidental están construyendo juntos uno de los mayores proyectos de energía solar del mundo: Kazajistán y los Emiratos Árabes Unidos han iniciado la construcción de una planta solar de un gigavatio impulsada por la empresa emiratí Masdar.
El proyecto dotará de electricidad limpia a 300.000 hogares kazajos y aliviará la presión sobre la envejecida red eléctrica del país, que lleva décadas dependiendo de carbón y gas heredados de la era soviética. Un gigavatio es una capacidad enorme: equivale aproximadamente a la producción de un gran reactor nuclear, pero sin residuos radiactivos, sin riesgos de accidente y con un coste de construcción que ha caído un 90% en los últimos quince años.
Lo que hace especialmente significativo este proyecto es su origen: no es una iniciativa impulsada por Europa ni por organismos occidentales de desarrollo. Es una alianza entre un país de Asia Central y uno del Golfo Pérsico, con tecnología y capital del Sur Global. La transición energética ya no es patrimonio exclusivo de los países ricos.
Las organizaciones medioambientales llevan años señalando que el Sur Global tiene un potencial renovable inmenso y recursos económicos insuficientes para desarrollarlo. Este proyecto demuestra que cuando la cooperación entre países emergentes funciona, los resultados pueden ser transformadores.
La energía solar no entiende de bloques geopolíticos. El sol brilla para todos. Y cada gigavatio limpio es una victoria compartida.