En la noche del 12 de octubre, Fiesta Nacional, grupos de jóvenes ultras intentaron entrar en la acampada por el derecho a la vivienda de la Puerta del Sol, en Madrid. Según elDiario.es, cantaron el «Cara al sol», hicieron el saludo fascista, llevaban banderas franquistas e insultaron a Pedro Sánchez. La información cifra en cinco los detenidos.
No era la primera vez. El 3 de octubre hubo un intento previo de entrar en la acampada, que la información vincula con el grupo Núcleo Nacional; de los del 12 de octubre no se identifica a ningún colectivo.
El contexto político pesa. Isabel Díaz Ayuso había llamado «terroristas» a los acampados dos días antes y lleva semanas reclamando su desalojo. El periodista Miquel Ramos sostiene que ese marco legitimó la presencia de los ultras.
Los datos del CIS que recoge la información ayudan a dimensionar el fenómeno: el 19 % de las personas de 18 a 24 años valora los años de Franco como buenos o muy buenos, la proporción más alta entre los menores de 45. Y hay una brecha de género enorme: el 29,7 % de los hombres jóvenes frente al 8,7 % de las mujeres jóvenes. El pico está entre los mayores de 75, con un 25 %.
La politóloga Anna López Ortega explica que las motivaciones varían: convicciones autoritarias para unos, sentido de pertenencia o transgresión para otros. Apunta a la ignorancia histórica y a cómo la extrema derecha resignifica los símbolos franquistas. Un estudio publicado en la revista Historia y Comunicación Social sostiene que esos relatos circulan en TikTok a través de memes y música, a menudo desde cuentas anónimas.
El Consejo de la Juventud de España, por su parte, recuerda que lo ocurrido no puede convertirse en la imagen de la juventud y que las simpatías reaccionarias son minoritarias. Es un matiz importante: el 19 % no es la mayoría. Pero cantar el himno de una dictadura contra quienes reclaman un piso difícilmente es rebeldía; es defender, con nostalgia prestada, el orden de quienes ya tienen casa.





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