Elon Musk no inventó al empresario opinando de política.
Pero sí ha llevado hasta un extremo nuevo una figura que antes solía tener abogados, departamentos de comunicación y frases cuidadosamente preparadas:
el multimillonario que publica lo primero que piensa ante millones de personas.
Un estudio publicado en Humanities and Social Sciences Communications analiza precisamente cómo Musk construyó X como alternativa al periodismo tradicional mediante una estética de transgresión, espontaneidad y supuesta autenticidad. Esa forma de comunicación le permite presentarse simultáneamente como magnate, ciudadano y comentarista político.
No podemos demostrar que otros empresarios lo imiten por su culpa.
Pero Marcos Galperin ofrece un buen ejemplo de lo que podríamos llamar el «efecto Musk» empresarial.
El fundador de Mercado Libre republicó en agosto un mensaje que decía que Sudáfrica estaba ahora “sin gente blanca que la gobierne” y aseguraba que lo construido por colonos europeos durante 300 años había sido destruido por el ANC en 30. Galperin acompañó la republicación con emojis señalando el contenido.
No escribió literalmente que las personas negras sean incapaces de gobernar.
Pero el marco racial del mensaje es difícil de esconder: atribuye civilización y construcción a los colonos blancos y decadencia al periodo democrático posterior al apartheid.
Tampoco es correcta su descripción política.
El ANC perdió su mayoría absoluta en 2024 y Sudáfrica está gobernada actualmente por un Gobierno de Unidad Nacional que incorpora diez partidos, incluida la opositora Democratic Alliance.
Musk lleva años amplificando narrativas igualmente racializadas sobre Sudáfrica, incluida la falsa teoría de un “genocidio blanco”.
Antes, un magnate podía pensar cualquier barbaridad durante una cena privada.
Ahora dispone de medio millón o 200 millones de seguidores.
Y de un botón que dice “publicar”.





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