Fuente EFE
Un incendio forestal declarado en un macizo a una treintena de kilómetros al oeste de Perpiñán, en el sur de Francia, ha calcinado ya 4.600 hectáreas y sigue sin estar controlado, más del doble de lo que se había comunicado apenas un día antes. El fuego obligó el domingo a evacuar a más de 10.000 personas de 26 localidades del macizo de Les Aspres e Ille-sur-Têt, una zona de difícil acceso para los vehículos de emergencia.
El prefecto de los Pirineos Orientales, Pierre Regnault de la Mothe, reconoció que la prioridad del lunes era «reanudar esta lucha encarnizada para contener la propagación», tanto en el frente principal como en los flancos del incendio. Cinco personas han resultado heridas, entre ellas dos bomberos, y al menos 50 edificios han sido impactados por las llamas en distintos grados. Cerca de 700 bomberos y 200 vehículos, reforzados con medios aéreos, combaten el fuego sobre el terreno.
El departamento francés, fronterizo con España, se encuentra este lunes en el nivel máximo de riesgo de incendios forestales y también en alerta naranja por calor, con temperaturas que rozarán los 39 grados. El ministro del Interior francés, Laurent Núñez, alertó de que solo el domingo se tuvieron que atender una veintena de incendios en todo el país y que ya han ardido más de 11.000 hectáreas esta temporada, prácticamente el doble que en las mismas fechas del año anterior.
La portavoz del Gobierno francés, Maud Bregeon, calificó la situación de «muy preocupante» y no descartó nuevas evacuaciones si fueran necesarias para proteger a la población, aunque defendió que los medios disponibles, reforzados en un 40% entre 2023 y 2026, permiten «responder» a la crisis. Bomberos rumanos ya colaboran sobre el terreno, y no se descarta pedir apoyo a otros países europeos.
El episodio de Perpiñán se suma a una temporada de incendios que, tanto en Francia como en España, confirma un patrón cada vez más claro: el calor extremo derivado de la crisis climática multiplica la virulencia de cada fuego, mientras las flotas de medios aéreos, como los hidroaviones Canadair cuya renovación lleva años de retraso, luchan por no quedarse atrás frente a una amenaza que cada verano es más difícil de contener.