No hacía falta un escenario ni una gran producción. Bastó una consola, una cerveza compartida y una cumbia caribeña sonando en medio del invierno para que, por unos minutos, la feria de Solano se convirtiera en otra cosa: un espacio de encuentro.
La escena circuló en un reel publicado por la DJ Vicky Tu (@vickytumujer), habitual en ese paisaje del sur del conurbano bonaerense. En el video se ve un entorno de puestos, descampado y camperas gruesas por el frío. En un momento aparece el tatuador @alexis_tattoo94, a quien la propia publicación identifica con la frase: “Hoy cayó @alexis_tattoo94 a tirar unos pasos en Solano”. Primero le pide un trago de cerveza a la DJ, ella se lo pasa y, poco después, empiezan a bailar. Luego se suma otro hombre. Los tres siguen el ritmo de la cumbia entre risas y pasos improvisados.
La escena no borra la precariedad que la rodea. El frío, la necesidad y la marginalidad no son decorado pintoresco. Pero precisamente por eso dice algo importante: incluso en contextos duros, la vida cotidiana no está hecha solo de carencias.
Sobre lugares como la feria de Solano pesa a menudo un relato externo que los reduce a inseguridad, desorden o amenaza. El video muestra otra parte de la realidad: trabajadores, feriantes y vecinos compartiendo un momento simple, sin violencia, sin choque, sin el guion del miedo que tantas veces se proyecta sobre el conurbano.
No hay épica exagerada ni postal edulcorada. Hay algo más concreto: gente encontrando una pausa, una música común, un respiro.
Y quizá ahí también haya una forma modesta de esperanza: no en negar la dureza de la vida, sino en recordar que incluso en medio de ella las personas siguen siendo capaces de encontrarse, bailar y sostenerse unas a otras.





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