Estefanía, pintora y artesana conocida como Estefi Yeah, es la última inquilina que queda en los corralones de la calle Castellar, en el casco histórico de Sevilla. Tiene un contrato de renta antigua en vigor, no existe ninguna orden judicial de desahucio contra ella y, aun así, vive bajo un acoso sistemático.
Según relata Público, la inquilina ha sufrido cambios de cerradura, silicona en las cerraduras, pintadas en las que la llaman «okupa», la quema del contador de la luz y cortes de agua y electricidad en plena ola de calor. Durante dos meses le impidieron entrar en su propia casa y tuvo que acceder con cuerda y arnés por la fachada.
El episodio más grave ocurrió en julio de 2026. Seis hombres irrumpieron desde la azotea con palos y gas pimienta cuando ella buscaba agua por el corte de suministros. Hubo ocho heridos y tres agresores detenidos. Estefanía ha presentado más de una decena de denuncias por agresiones e intimidación, y la Policía intervino por allanamiento de morada.
El inmueble pertenece a Garajes Santa Inés SL, una sociedad con sede en Huelva. La empresa de seguridad implicada es García Seguridad, especializada en desocupaciones y contratada, según el medio, por la propiedad. El plan para el edificio es levantar un hotel y pisos turísticos. El Ayuntamiento ya sancionó a la propietaria en 2017 por un uso ilegal de aparcamiento.
Conviene recordar que se trata de hechos denunciados que corresponde esclarecer a los tribunales.
Mientras tanto, el Sindicato de Inquilinas de Sevilla y la Asamblea por la Vivienda, junto con vecinas y activistas, la acompañan para protegerla. El sindicato la describe como un símbolo de la violencia y el acoso inmobiliario.
Ella lo resume con una frase que debería ser una obviedad: «No debe costar la vida tener una casa».
En un centro histórico donde cada corralón vale más como hotel que como hogar, el acoso se convierte en método. Un contrato vigente debería bastar para estar protegida. Que no baste, y que haya que organizarse entre vecinas para impedir un desahucio sin juez, sin notificación y sin orden, es una radiografía de lo que ocurre cuando la vivienda se trata como un negocio.





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