Fuente EFE
Un nuevo brote de ébola en África pone de manifiesto algo que los expertos llevan meses advirtiendo: los recortes de la administración Trump a las agencias de cooperación sanitaria internacional han dejado al mundo más vulnerable ante las epidemias.
Durante años, organizaciones como USAID y los CDC internacionales construyeron una red de vigilancia epidemiológica en los países más afectados por el ébola. Esa red permitió detectar brotes tempranos, aislar casos y evitar que el virus se propagara. Trump desmanteló buena parte de esa infraestructura en su primer mandato, y ha ido más lejos en el segundo.
El resultado está sobre la mesa: un brote que en otras circunstancias habría sido contenido en semanas se está extendiendo en un entorno donde los sistemas de salud locales, ya frágiles, no tienen el apoyo internacional que necesitan.
Las enfermedades infecciosas no respetan fronteras ni pasaportes. Lo que ocurre en una aldea de África Central puede estar en un aeropuerto europeo en 48 horas. La solidaridad sanitaria internacional no es filantropía: es también una forma de protección propia.
Desmantelar esas redes de contención por razones ideológicas o presupuestarias no es ahorrar dinero. Es acumular una deuda que la humanidad pagará más tarde, y con intereses mucho más altos.