Fuente BBVA
El camino hacia la descarbonización total está dejando atrás las previsiones más optimistas. En su informe de Net Zero, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) estableció que para alcanzar los objetivos climáticos de 2050, el mundo necesitaría una potencia instalada de entre 15 y 20 TW de energía solar fotovoltaica. Sin embargo, la realidad del mercado y la tecnología sugiere que estas cifras no son un techo, sino un suelo que será ampliamente superado.
Un ritmo de instalación sin precedentes. Los datos actuales son contundentes: solo en el año 2025 se han instalado más de 600 GW de nueva capacidad solar a nivel global. A este ritmo, alcanzar el hito de 1 TW instalado anualmente para 2030 es una meta conservadora que no requiere de aumentos drásticos en la aceleración actual. Si simplemente mantenemos esta inercia, la humanidad alcanzaría los 25 TW de potencia solar en 2050, superando con creces las proyecciones iniciales de los organismos internacionales.
Más allá de la superficie instalada, dos factores tecnológicos están cambiando las reglas del juego. Por un lado, el aumento constante en la eficiencia de las placas solares permite generar más electricidad con la misma infraestructura. Por otro lado, la verdadera revolución reside en la extensión masiva de los sistemas de almacenamiento.
La irrupción de las baratas baterías de sodio promete democratizar el almacenamiento energético a gran escala. Al ser más económicas y sostenibles que las de litio, estas baterías multiplicarán las capacidades de la energía solar y eólica, eliminando el problema de la intermitencia. Este avance es el que realmente permitirá una electrificación total de la economía, impulsándonos hacia el ambicioso objetivo de Zero Emission.