Fuente EFE
Las negociaciones entre Estados Unidos e Irán continúan activas este lunes en Suiza, en un intento de consolidar el acuerdo marco firmado la semana pasada entre Donald Trump y el presidente iraní Masoud Pezeshkian. El objetivo es poner fin a un conflicto que ha sacudido los mercados energéticos globales: más de 1.000 millones de barriles de petróleo han desaparecido del mercado mundial desde que comenzaron las hostilidades.
El acuerdo, negociado con mediación de Qatar, incluye también un cese de las hostilidades en Líbano, lo que abriría la puerta a que miles de familias libanesas desplazadas puedan regresar a sus hogares, aunque muchos los encuentran en ruinas tras los bombardeos israelíes.
Sin embargo, la tregua es frágil. El ministro de Seguridad Nacional israelí ha rechazado públicamente el alto el fuego pactado, y la muerte en combate de cuatro militares ha generado nuevas tensiones. Irán, por su parte, mantiene sobre la mesa la amenaza de cerrar el estrecho de Ormuz, por donde transita una parte vital del comercio global de petróleo.
Que Trump y Pezeshkian se sienten a negociar no es, en sí mismo, garantía de nada. Pero es una apertura que hace pocas semanas parecía imposible. En Oriente Medio, como en cualquier conflicto, la paz no llega cuando todos están de acuerdo: llega cuando el coste de la guerra supera el de la negociación. Ese momento parece estar acercándose. Ojalá no llegue demasiado tarde para los civiles que lo están pagando todo.