Alfonso Ferrero, bombero forestal, respondió en Malas Lenguas al negacionismo climático de Vox con una frase de esas que funcionan porque no salen de un despacho: “vas al monte, vas a los glaciares, vas a la montaña”. No hablaba desde la teoría abstracta. Hablaba desde la experiencia de quien ve el territorio cambiar.
La discusión sobre el cambio climático suele ser secuestrada por tertulias donde alguien opina contra décadas de ciencia como si el planeta estuviera esperando permiso ideológico. Pero los glaciares no votan, no militan y no ven televisión. Retroceden. Se derriten. Desaparecen. Y lo hacen con una claridad que no necesita eslogan.
El IPCC señala el retroceso mundial de glaciares de montaña como una de las consecuencias del calentamiento. En los Pirineos, estudios científicos han mostrado pérdidas enormes de superficie glaciar y advierten de su posible desaparición en las próximas décadas. No es una conspiración verde. Es hielo convertido en agua.
Por eso la respuesta de un bombero forestal pesa más que la chulería negacionista. Quien trabaja en incendios, calor, monte seco y emergencias sabe que el clima no es una batalla cultural: es una condición material de su trabajo y de nuestra seguridad.
Vox puede intentar convertir la crisis climática en “ideología”. Pero cuando suben las temperaturas, arden los montes, retroceden los glaciares y se multiplican los riesgos, la realidad no pide carnet político.
Negar el fuego no lo apaga. Negar el deshielo no congela los glaciares. Solo retrasa las decisiones que podrían protegernos.