El presidente francés, Emmanuel Macron, ha anunciado que las autoridades podrán prohibir determinadas reuniones y concentraciones cuando lo consideren necesario para evitar nuevos disturbios, después de los graves incidentes registrados durante las protestas sociales del sábado.
En un mensaje televisado, Macron atribuyó los actos violentos a grupos extremistas de ultraizquierda y defendió la actuación de la Policía. El mandatario pidió distinguir entre las manifestaciones pacíficas, que considera legítimas, y los saqueos y ataques contra edificios públicos y establecimientos comerciales.
El presidente también anunció que los prefectos coordinarán sus decisiones con los alcaldes para proteger las ciudades, los edificios públicos y los negocios. Asimismo, reclamó transparencia sobre la intervención policial y prometió que los responsables de los destrozos tendrán que responder ante la justicia.
Las movilizaciones, motivadas por el encarecimiento del coste de la vida y el malestar por la situación de los servicios públicos, reunieron a entre 550.000 y 800.000 personas, según las estimaciones de las autoridades y los sindicatos.
Los disturbios dejaron casi 2.400 detenidos y 997 policías heridos, según el balance difundido por el Gobierno francés. También se registraron incendios y saqueos en varias ciudades, entre ellas París, Marsella, Lyon y Limoges.
Macron ha pedido que las reivindicaciones políticas se expresen por vías democráticas y ha prometido una respuesta firme frente a la violencia.





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