La inteligencia artificial parece vivir dentro de una pantalla.
Pero detrás hay enormes edificios llenos de servidores que consumen electricidad, necesitan refrigeración y requieren nuevas conexiones a la red.
El estado australiano de Victoria acaba de plantear una respuesta poco habitual:
los nuevos centros de datos tendrán que conseguir nueva energía renovable para cubrir su demanda y aportar almacenamiento propio.
Las empresas también deberán asumir los costes de conexión y las ampliaciones de la red que necesiten.
La propuesta forma parte del nuevo Sustainable Data Centre Action Plan, presentado el 22 de septiembre.
Las reglas van más allá de la electricidad.
Los nuevos centros deberán utilizar agua reciclada o no potable para refrigerarse —o compensar temporalmente su consumo—, mantener distancias respecto a viviendas, escuelas y guarderías y aportar beneficios a las comunidades donde se instalen.
El Gobierno de Victoria argumenta que el crecimiento del sector no debe traducirse en mayores costes energéticos para los hogares.
Las compañías del sector, especialmente las medianas, podrían afrontar mayores costes y complejidad bajo las nuevas exigencias, según Reuters.
Ahí aparece uno de los grandes debates de la transición digital.
Queremos inteligencia artificial, nube, servicios digitales y capacidad informática.
Pero todos ellos necesitan infraestructuras físicas.
Electricidad.
Agua.
Territorio.
Redes.
El debate ya no es únicamente cuánto puede avanzar la tecnología.
También es quién paga los recursos que necesita para avanzar.
Victoria propone una respuesta:
si una nueva industria genera una enorme demanda energética, esa demanda no debería trasladarse automáticamente a las comunidades que viven alrededor.





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