Mientras estudiaban las olas de calor en un aula con aire acondicionado, Amaira Kapoor y cinco compañeros se hicieron una pregunta sencilla: ¿cómo estudian quienes ni siquiera tienen un ventilador?
Era 2024. Tras visitar una escuela pública cercana a Gurugram, en India, encontraron aulas de hormigón mal ventiladas donde niños y niñas intentaban aprender soportando temperaturas extremas. De ahí nació Project Vaayu.
Su solución no necesitó un laboratorio sofisticado.
Recogieron kulhads, pequeñas tazas de terracota utilizadas tradicionalmente para beber té, y las colocaron dentro de una estructura construida con madera y metal recuperados. Una pequeña bomba hace circular agua sobre el barro poroso. Cuando esa agua se evapora, absorbe calor y enfría el aire que atraviesa la estructura.
Es una versión sencilla de un principio utilizado durante siglos: el enfriamiento evaporativo.
Según Project Vaayu, sus equipos han conseguido reducir la temperatura de algunas aulas entre 6 y 10 °C. Una directora de una de las escuelas confirmó que el sistema había reducido la temperatura “varios grados” y mejorado el confort del alumnado. Hasta ahora, el proyecto declara cinco equipos instalados en cuatro escuelas, beneficiando a más de 400 estudiantes.
No sustituye siempre a un aire acondicionado: este tipo de refrigeración funciona mejor en ambientes secos y pierde eficacia cuando aumenta mucho la humedad.
Pero ahí está precisamente el valor de la iniciativa.
No pretende resolver sola el calor extremo.
Demuestra que una tecnología barata, reparable y construida con materiales locales puede hacer más habitable un aula donde instalar aire acondicionado simplemente no es una opción.
Y recuerda algo todavía más básico: poder concentrarse sin soportar un calor insoportable también forma parte del derecho a aprender.





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