El debate sobre la presencia de menores en la tauromaquia vuelve a situarse en el centro de la agenda política española. Las medidas destinadas a impulsar las escuelas taurinas y facilitar la participación de niños, niñas y adolescentes en actividades relacionadas con los toros entran en contradicción con las recomendaciones que el Comité de los Derechos del Niño de Naciones Unidas ha trasladado a España.
El organismo de la ONU ya pidió en 2018 que España prohibiera la participación de menores de 18 años como toreros y su asistencia como público a espectáculos taurinos, ante los posibles efectos perjudiciales de su exposición a la violencia. Ocho años después, durante la revisión de España celebrada en Ginebra en enero de 2026, el Comité volvió a preguntar a la delegación española por las medidas adoptadas para cumplir aquella recomendación.
La cuestión adquiere especial relevancia en Andalucía, donde el nuevo Gobierno de PP y Vox ha anunciado una Estrategia Andaluza de la Tauromaquia que pretende “fortalecer” y “blindar” la fiesta. La comunidad concentra además prácticamente la mitad de las 82 escuelas taurinas registradas en España en 2025.
Organizaciones especializadas en infancia advierten de que la exposición continuada a escenas de violencia contra animales puede generar miedo, ansiedad, estrés y normalización de conductas agresivas. Un informe de la Coordinadora de Profesionales por la Prevención de Abusos señala también posibles efectos sobre la empatía y la percepción de la violencia.
El debate se produce mientras la tauromaquia pierde peso entre la población. Según los datos citados por elDiario.es, solo el 8% de los españoles acudió a algún espectáculo taurino durante el último año, mientras que el 75% declara tener un interés bajo o mínimo por estas actividades. Además, los festejos taurinos han pasado de 3.651 en 2007 a 1.480 en 2025, un descenso cercano al 60%.
La discusión, por tanto, ya no se limita a la tradición o a la libertad cultural. También plantea una pregunta sobre qué debe prevalecer cuando se trata de niños y adolescentes: la promoción de una actividad cultural o el principio del interés superior del menor y su derecho a crecer protegido frente a la violencia.





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