Édgar Martínez, mexicano de 33 años y residente en Estados Unidos desde hacía una década, salió al patio de su vivienda en Phoenix pensando que había trabajadores manipulando la instalación eléctrica.
Su esposa, Marisol López, asegura que eran agentes migratorios.
Según su relato, ocurrido el 15 de agosto, uno de los hombres llevaba chaleco fluorescente, abrió una caja eléctrica y fingió estar realizando reparaciones en una vivienda cercana. La familia afirma que incluso se quedó sin suministro. Cuando Martínez salió, fue detenido. Tanto él como su esposa aseguran que no mostraron ninguna orden antes del arresto.
Martínez permanece en un centro de detención de Florence, Arizona. López sostiene además que fue tratado violentamente durante el operativo. Univision pidió a ICE que confirmara la identidad de los agentes y, en el momento de publicar su información, seguía esperando respuesta oficial.
El caso resulta especialmente inquietante porque no aparece aislado.
En junio, agentes federales se hicieron pasar realmente por trabajadores municipales de electricidad en Los Ángeles para conseguir que José de Jesús Cortez Delgado saliera de su propiedad. En aquel caso, el Departamento de Seguridad Nacional aclaró que los responsables eran alguaciles federales y negó que ICE utilizara esa táctica.
La diferencia administrativa importa.
La consecuencia social también.
Cuando un chaleco de electricista, un repartidor o un trabajador municipal puede convertirse en instrumento de una detención, el operativo no termina cuando se marcha el vehículo policial.
Deja algo detrás: familias migrantes que empiezan a preguntarse quién está realmente llamando a la puerta.





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