Rusia y Ucrania acordaron este fin de semana no atacar sus respectivas capitales durante 72 horas, coincidiendo con la visita a la región de los enviados de Donald Trump, Steve Witkoff y Jared Kushner, primero a Moscú el sábado 5 de septiembre y después a Kiev un día más tarde. El portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, confirmó que Vladímir Putin había ordenado la pausa «vinculada a los preparativos» para la llegada de los enviados, mientras el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, se comprometió a «abstenerse de atacar Moscú» durante el mismo periodo.
Pero fuera de esas dos ciudades, la tregua nunca existió. Mientras los cielos de Moscú y Kiev permanecían en calma, Rusia lanzó la noche del 5 al 6 de septiembre misiles balísticos y más de un centenar de drones contra 23 localizaciones repartidas en al menos diez regiones ucranianas. El resultado, según el recuento de Kyiv Independent: al menos ocho muertos y 69 heridos en apenas 24 horas. Járkov sumó cuatro fallecidos y ocho heridos; en Jersón murieron dos personas y resultaron heridos otros veinte, entre ellos dos menores; Zaporiyia registró un muerto y 27 heridos; en Donetsk hubo que evacuar a 915 personas.
Zelenski acusó a Moscú de bombardear «deliberadamente» los aeropuertos de Kiev y Borispil la misma noche en que debían aterrizar los enviados estadounidenses. Del lado ucraniano, drones alcanzaron la región rusa de Bélgorod, donde murió al menos una persona.
No es la primera vez que una tregua parcial se presenta como avance de paz sin serlo. En abril, un alto el fuego de 32 horas ya colapsó entre acusaciones cruzadas de cientos de violaciones. El patrón se repite cada vez que Washington necesita una fotografía de progreso diplomático: se protege el símbolo —las dos capitales, las dos sedes de poder— y se sacrifica todo lo demás.
Mientras los despachos de Moscú y Washington negocian su relato de paz, quienes mueren no son quienes firman los acuerdos. Son las familias de Járkov, de Jersón, de Zaporiyia: la parte de Ucrania que ningún enviado especial visita.





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