David Morens, antiguo alto funcionario del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas de Estados Unidos y colaborador cercano de Anthony Fauci, se ha declarado culpable de conspirar para ocultar documentos públicosrelacionados con investigaciones sobre el COVID-19.
No se ha declarado culpable de fabricar el virus, alterar vacunas ni organizar la pandemia.
El delito reconocido es otro: ocultó registros públicos que debían poder ser fiscalizados.
Según la acusación, Morens utilizó su correo personal para evitar las obligaciones de transparencia de la ley estadounidense y participó en la ocultación o eliminación de comunicaciones relacionadas con financiación pública de investigaciones sobre coronavirus.
Entre esos asuntos figuraba una subvención vinculada a EcoHealth Alliance y a investigaciones sobre coronavirus de murciélagos. El debate sobre el origen del SARS-CoV-2 continúa abierto: distintas agencias estadounidenses han llegado a conclusiones diferentes y con distintos grados de confianza. La culpabilidad de Morens por esconder registros no demuestra el origen del virus.
Morens, de 78 años, puede afrontar hasta cinco años de prisión y será sentenciado en noviembre.
Fauci no está acusado en este caso. Ha declarado que desconocía esas actuaciones y calificó el comportamiento de Morens de inapropiado.
Defender la ciencia no significa pedir fe ciega en quienes gestionan instituciones científicas.
Significa precisamente lo contrario: exigir método, documentos y transparencia en lo público.
La confianza no se protege escondiendo correos.
Se protege haciendo posible revisarlos.





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