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El mes de agosto ha arrancado con un nuevo impacto directo en los bolsillos de los conductores en España. El precio de los carburantes ha vuelto a subir con fuerza en plena temporada vacacional, intensificando el gasto en un momento de alta movilidad.
Según los últimos datos, llenar un depósito medio de 55 litros de diésel cuesta ya cerca de 98,45 euros, mientras que en el caso de la gasolina el coste ronda los 92 euros. Esto supone hasta 20 euros más que hace un año, reflejando un encarecimiento significativo que afecta directamente a la economía doméstica.
Entre las causas de esta subida destacan factores fiscales y el contexto internacional. El aumento de impuestos ha elevado el precio por litro en más de seis céntimos desde comienzos de agosto, a lo que se suman tensiones en los mercados energéticos que mantienen el petróleo en niveles elevados.
El impacto se ve agravado por el momento del año. Las vacaciones de verano concentran millones de desplazamientos, lo que incrementa la demanda y amplifica el efecto de la subida sobre los consumidores.
Con este escenario, el coste del combustible vuelve a situarse cerca de máximos recientes, reabriendo el debate sobre su peso en la inflación y el esfuerzo económico que supone para millones de hogares.