Fuente El periódico de la energía
En la carrera hacia la descarbonización total, el mundo ha comprendido que no basta con el sol y el viento. Necesitamos una fuente de energía basal y constante que no dependa de la climatología. Aquí es donde la energía geotérmica emerge como la gran solución para dar estabilidad a los sistemas eléctricos. A diferencia de otras renovables intermitentes, el calor del subsuelo es una batería inagotable que funciona las 24 horas de los 365 días del año, permitiendo sustituir a las centrales térmicas tradicionales sin riesgo de apagones.
El potencial de esta tecnología es inmenso, especialmente en regiones con actividad tectónica o volcánica. España tiene en el archipiélago de Canarias su mayor yacimiento potencial, especialmente en islas como Lanzarote, La Palma y Tenerife, donde las altas temperaturas a escasa profundidad permitirían transformar el calor de las entrañas de la tierra en electricidad limpia para miles de hogares. Esto no solo reduciría la dependencia de los combustibles fósiles importados, sino que convertiría a las islas en un modelo de soberanía energética. El potencial es altísimo, pero la realidad es aún nula. Actualmente se están concediendo las primeras subvenciones para sondeos de alta entalpía en La Palma, Tenerife y Gran Canaria, con el objetivo de que para 2030 las islas tengan sus primeros megavatios geotérmicos, lo que supondría dejar de quemar fueloil en las centrales actuales.
Cruzando el océano, las zonas volcánicas de América Latina a lo largo del Cinturón de Fuego del Pacífico representan una de las mayores reservas geotérmicas del planeta. México es la sexta potencia mundial en geotermia. El Salvador y Nicaragua generan ya aproximadamente el 20% de su matriz eléctrica con esta fuente. Costa Rica, con un porcentaje del 10-15% en geotermia, ha alcanzado una penetración de renovables cercana al 100%. Sin embargo, naciones como Ecuador, Perú o Argentina no tienen aún ninguna instalación de magnitud significativa, desperdiciando un recurso enorme bajo sus pies.
La inversión en plantas de alta entalpía en estas regiones permitiría integrar masivamente otras renovables, ya que la geotermia actúa como el ancla perfecta del sistema eléctrico, garantizando una red robusta, barata y de cero emisiones. Aprovechar el calor de nuestros volcanes es, en definitiva, la forma más inteligente de reconciliar el desarrollo industrial con la protección de la naturaleza, utilizando la propia energía del planeta para salvarlo.