Fuente RTVE
El calentamiento global está mostrando ramificaciones inesperadas que transformarán nuestra cotidianidad, afectando incluso a la viabilidad de estacionar vehículos en la vía pública. Un reciente estudio publicado en la revista Nature alerta de que el cambio climático no incrementará necesariamente la cantidad total de precipitaciones heladas, pero sí alterará drásticamente su tamaño, reduciendo los episodios de hielo pequeño y favoreciendo tormentas de granizo severo con piedras de dimensiones destructivas.
La investigación, liderada por científicos de China y Estados Unidos, empleó el modelo informático especializado EC-Earth3 para simular la trayectoria, crecimiento y derretimiento del hielo en más de 14.000 tormentas históricas. Al proyectar estos datos hacia las últimas tres décadas del siglo XXI, los resultados revelaron una tendencia preocupante impulsada por el aumento de la temperatura en la superficie y la concentración de humedad atmosférica.
Las proyecciones del estudio indican que los daños materiales mundiales vinculados a estas tormentas crecerán entre un 36,5% y un 42,1% a finales de siglo, dependiendo del escenario global de emisiones de gases de efecto invernadero. Este empeoramiento se debe a un incremento de entre el 37,9% y el 51,8% en la frecuencia de granizo extremo con diámetros iguales o superiores a los 30 milímetros. Por el contrario, los episodios de hielo pequeño caerán entre un 4,2% y un 12,3%, debido a que el calor ambiental hará que se derrita antes de tocar el suelo, especialmente en las regiones tropicales y subtropicales.
Las zonas más expuestas a este incremento de daños severos son Europa, Norteamérica y Asia. Más allá de la necesidad inmediata de buscar garajes cubiertos para proteger las carrocerías de abolladuras y roturas de lunas, el fenómeno plantea un desafío económico de gran envergadura. Las nuevas tormentas tienen el potencial de arrasar cosechas agrícolas completas, encarecer drásticamente las pólizas de los seguros y deteriorar gravemente infraestructuras urbanas críticas como redes eléctricas o tejados, obligando a las ciudades a adaptarse a una nueva e intensa realidad climática.