Fuente RTVE
El Papa León XIV dejó en Madrid una frase que sirve para mirar mucho más allá de la religión: la fe no puede ser “un museo del pasado que visitar”. Durante la celebración del Corpus Christi en la Plaza de Cibeles, pidió redescubrir una “fe viva” y convertirse en “constructores de un mundo nuevo”.
El mensaje llega en un momento en el que la religión se usa demasiadas veces como bandera identitaria, arma cultural o símbolo de nostalgia. Frente a esa iglesia convertida en museo, León XIV planteó otra imagen: una fe que sale a la calle, que se deja transformar y que se compromete con el bien común.
No es una frase menor. En la misa de Cibeles, ante alrededor de 1,2 millones de fieles según la Santa Sede, el Papa insistió en que la fe no puede quedarse en rito vacío ni en tradición decorativa.
La clave social está en a quién mira esa fe. El País recogió otra frase central de su homilía: “Nadie puede arrodillarse ante el Señor y despreciar al hermano”. También destacó su referencia a Cristo identificado con los pobres, los abatidos, quienes están solos y desamparados.
Desde una mirada de derechos humanos, el mensaje es claro: una religión que olvida a las personas vulnerables se convierte en estética sin justicia. No basta con defender símbolos cristianos si después se desprecia al migrante, al pobre, al diferente o a quien no encaja.
La verdadera fe no debería medirse por la nostalgia ni por la pureza de los rituales. Debería medirse por algo mucho más concreto: cómo tratamos a quienes sufren.
Una iglesia viva no es la que conserva mejor sus vitrinas. Es la que crea y mantiene comunidad.