EFE
El aumento del ocio y de las salidas sociales durante el verano influye en la dinámica de muchas parejas. “Las mujeres recuperan espacios propios y participan más en actividades sociales; algunos agresores lo interpretan como una pérdida de control”, explica Benedí.
En la misma línea, Laura Barrios, presidenta de la Federación de Mujeres Jóvenes, señala que en esta época “se incrementan las salidas, lo que puede hacer que los agresores sientan que pierden su capacidad de control sobre sus parejas”. No obstante, subraya un punto clave: “Un agresor lo es todo el año, no solo en verano”.
Según Barrios, este contexto ayuda a entender por qué la violencia extrema se produce con mayor frecuencia en momentos de ruptura. “La convivencia intensiva y la mayor demanda de ocio pueden provocar más separaciones en verano”, afirma.
A estos factores se suma el aislamiento social. Durante las vacaciones, muchas rutinas desaparecen y con ellas también las redes de apoyo: compañeras de trabajo, amistades o contactos cotidianos. “La distancia física debilita estos vínculos y reduce las oportunidades de detectar la violencia o pedir ayuda”, advierte.
Sin embargo, las causas no son solo estacionales. Ambas expertas insisten en la existencia de factores estructurales que dificultan salir de una relación violenta. Uno de los principales es el acceso a la vivienda. Benedí destaca que la falta de alternativas habitacionales obliga a muchas mujeres a posponer la separación o a seguir conviviendo con el agresor. “A menudo se da por hecho que es la mujer quien debe abandonar el hogar, cuando rara vez se plantea que lo haga el agresor, para quien ese espacio también representa un lugar de control”, explica.
Por su parte, Barrios añade que las dificultades económicas pueden agravarse en verano. La presión asociada a las vacaciones, la imposibilidad de asumir gastos o los cambios en la organización familiar generan tensión y frustración, que se suman a situaciones de violencia ya existentes.
Finalmente, Benedí menciona otro factor que debe interpretarse con cautela: el calor. Las altas temperaturas pueden aumentar el malestar y la irritabilidad general, como ocurre en otros fenómenos —por ejemplo, el incremento de accidentes durante olas de calor—. Sin embargo, insiste en que esto no explica los casos más graves: “Las causas de los feminicidios son el machismo y la existencia de agresores”.