Miércoles, 23 de septiembre de 2026
Internacional · Política

Varios países de la OTAN advierten de que Rusia prepara un ataque encubierto para poner a prueba a la alianza

El presidente Vladímir Putin encabezó un encuentro con participantes de la campaña militar en Ucrania desde el Kremlin. EFE/EPA/VYACHESLAV PROKOFYEV/SPUTNIK/KREMLIN

Polonia encendió la primera alarma. El primer ministro Donald Tusk advirtió el viernes de que los servicios de inteligencia polacos han detectado indicios de que Rusia podría lanzar en los próximos meses un ataque con drones o misiles contra territorio de la OTAN, y hacerlo pasar por un accidente. El objetivo, según Varsovia, sería medir hasta dónde está dispuesta a llegar la alianza si se invoca el artículo 5, la cláusula de defensa colectiva que obliga a todos los aliados a responder si uno de ellos es atacado.

La advertencia de Tusk no llegó sola. Varias capitales europeas y sus servicios de inteligencia han confirmado en los últimos días que perciben una escalada de las amenazas rusas, en un contexto de guerra híbrida que Moscú lleva meses desplegando contra Europa. Los ataques con drones contra el aeropuerto de Leipzig a principios de agosto se citan como uno de los precedentes más recientes de esa estrategia de hostigamiento sin declaración de guerra abierta.

Detrás de la alarma hay también un cálculo militar. Ucrania ha logrado avances significativos en el frente en las últimas semanas, empujando el conflicto hacia territorio ruso, y los servicios de inteligencia europeos anticipan que Moscú intentará acelerar la presión a medida que se acerca el invierno, la estación en la que el frío y la escasez energética suelen convertirse en armas de guerra tan letales como los misiles.

El riesgo que dibujan estas advertencias no es solo el de una agresión directa, sino el de un «paso en falso«: un incidente ambiguo, difícil de atribuir con certeza, que ponga a la OTAN ante la disyuntiva de responder con contundencia —arriesgando una escalada mayor— o de no hacerlo, con el coste político y estratégico que eso tendría para la credibilidad de la alianza.

Esa incertidumbre es, precisamente, la que más preocupa a los analistas: una Europa que lleva más de tres años sosteniendo a Ucrania se enfrenta ahora a la posibilidad de que la guerra deje de librarse solo en suelo ucraniano. Mientras los gobiernos refuerzan sus sistemas de defensa aérea y sus protocolos de respuesta, la pregunta que sobrevuela las cancillerías europeas ya no es si Rusia se atreverá a probar los límites de la alianza, sino cuándo y cómo lo hará.

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