Fuente El Mundo
Una patera con 19 personas a bordo pasó 15 días a la deriva en el Atlántico antes de que un pesquero localizara a los dos únicos supervivientes cerca de Mallorca, con signos severos de desnutrición y deshidratación. Los otros 17 ocupantes de la embarcación murieron durante la travesía, y sus cuerpos fueron arrojados al mar por sus propios compañeros a medida que fallecían, según el relato de los supervivientes recogido por los servicios de rescate. Es una de las rutas migratorias más letales del mundo, y esta semana ha vuelto a demostrarlo de la forma más cruda posible.
La organización Caminando Fronteras, que lleva años documentando las muertes en la frontera occidental euroafricana, investiga si esta embarcación podría estar relacionada con otras cinco pateras dadas por desaparecidas el pasado mes de julio, en las que viajaban un total de 76 personas de las que no se ha vuelto a tener noticia. La ruta canaria y atlántica se ha convertido en los últimos años en la más mortífera de las que llegan a Europa, con miles de desapariciones que rara vez llegan a ser investigadas con los recursos que merecerían.
El hallazgo cerca de Baleares, muy alejado de la ruta canaria habitual, evidencia hasta qué punto estas embarcaciones pueden derivar durante semanas sin ningún tipo de asistencia, dependiendo únicamente del azar para ser localizadas. Cada patera que aparece a la deriva, semanas después de su salida, es la prueba de un sistema de vigilancia y rescate que sigue siendo insuficiente frente a la magnitud de la tragedia migratoria en el Atlántico.
Los dos supervivientes permanecen hospitalizados mientras se recopila su testimonio, clave para entender qué ocurrió durante esas dos semanas y para determinar si existe relación con las otras embarcaciones desaparecidas. Mientras tanto, las organizaciones humanitarias vuelven a reclamar más medios de búsqueda y rescate en el Atlántico, la ruta donde más vidas se pierden cada año en silencio.