Xenia Denis, una turista alemana, vio un caballo enganchado a una calesa en Palma y pidió al conductor que le diera agua.
La conversación terminó de una forma difícil de explicar como una simple discrepancia sobre animales.
Las imágenes difundidas en redes muestran una discusión en la que el conductor acaba arrojándole agua encima. Denis asegura que también la llamó “nazi” y realizó comentarios despectivos. El Ayuntamiento de Palma ha abierto un expediente para determinar exactamente qué ocurrió y qué medidas corresponden.
El conductor, Manuel Vargas, presidente de la Asociación La Calesa de Palma, ha pedido posteriormente disculpas. Sostiene que antes hubo provocaciones, que la turista habría acusado al colectivo gitano de maltratar animales y que los caleseros llegaron a llamar a la Policía.
El caballo queda detrás
Hay algo llamativo en cómo creció el conflicto.
Todo empezó con una pregunta bastante elemental: si el animal podía beber.
La discusión sobre las calesas de Palma no nació esta semana. Durante años, organizaciones animalistas han denunciado las condiciones de trabajo de los caballos durante episodios de calor. Este mismo año surgió otra polémica porque las revisiones veterinarias obligatorias estaban previstas después de buena parte del verano.
Y existe además una paradoja.
Los propios caleseros han aceptado ya abandonar la tracción animal progresivamente. Cerca del 90% del sector respalda la transición hacia galeras eléctricas y el Ayuntamiento trabaja en los cambios normativos necesarios.
Dentro de poco, quizá Palma ya no tenga que discutir cuánta agua necesita un caballo para seguir transportando turistas.
Porque el caballo ya no tendrá que transportarlos.





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