Fuente EFE
Donald Trump ha vuelto a convertir una cumbre de la OTAN en un escenario de tensión con sus aliados europeos. Este martes en Ankara, junto al presidente turco Recep Tayyip Erdogan, el mandatario estadounidense ha insistido en que «Groenlandia debería estar bajo el control de Estados Unidos y no de Dinamarca», reviviendo una obsesión territorial que ya ha protagonizado meses de fricción diplomática con la Unión Europea.
No ha sido su única embestida. Trump ha aprovechado el atril para lanzar un nuevo ultimátum a los socios europeos: «Podríamos retirar a todos nuestros soldados de Europa», ha amenazado, mientras acusaba a los países del continente de no gestionar bien la inmigración y la energía. Un discurso que enlaza directamente con la Estrategia de Seguridad Nacional de su Administración, que celebra abiertamente el auge de los «partidos patrióticos» de la ultraderecha europea.
La fijación con Groenlandia no es nueva ni inocente: la isla, rica en minerales críticos y tierras raras, ya fue objeto de amenazas de anexión por la fuerza y de aranceles contra la UE. Solo la respuesta firme de Bruselas, con la amenaza de gravámenes por 93.000 millones de euros y el instrumento anticoerción, obligó a Trump a dar marcha atrás el pasado enero.
El mandatario también ha cargado contra varios líderes europeos, lamentando la falta de apoyo de Italia, Reino Unido, Alemania y Francia, y calificando a España de «un auténtico desastre» por no elevar el gasto militar al 5% del PIB. Sorprendentemente, esta vez ha evitado nombrar a Pedro Sánchez, aunque el patrón de fondo es el mismo: presionar a Europa con aranceles, amenazas militares y guiños explícitos a la extrema derecha del continente.
Que la seguridad de un territorio europeo y la permanencia de las tropas estadounidenses se discutan como moneda de cambio en una rueda de prensa vuelve a poner de manifiesto hasta qué punto la Casa Blanca de Trump ha convertido la política exterior en una herramienta de presión ideológica, alineada con los mismos discursos antiinmigración y antieuropeístas que alimentan a la ultraderecha a ambos lados del Atlántico.