La comunidad cristiana de Tierra Santa afronta una creciente presión para permanecer en sus lugares de origen, según Bernard Poggi, rector del seminario del Patriarcado Latino de Jerusalén en Beit Jala, cerca de Belén. El religioso advierte de que la combinación de violencia, dificultades económicas, restricciones de movilidad y falta de oportunidades está provocando un progresivo éxodo de familias cristianas.
Poggi relató uno de los episodios que, a su juicio, refleja el deterioro de la convivencia. Durante una visita a Jerusalén con jóvenes seminaristas palestinos, algunos niños se acercaron al grupo y escupieron a los seminaristas al ver las cruces que llevaban. El rector señaló también ataques contra propiedades, vehículos, viviendas e iglesias en comunidades cristianas de Cisjordania.
La situación económica constituye otro de los principales problemas. La guerra de Gaza provocó el desplome del turismo y las peregrinaciones en Belén, una actividad de la que dependen numerosos cristianos como guías, comerciantes, artesanos y trabajadores de hoteles. A ello se suman las restricciones de movimiento y de acceso a permisos de trabajo.
En Jerusalén también se han registrado incidentes contra miembros del clero. En abril, una religiosa francesa fue agredida físicamente y el sospechoso fue posteriormente acusado de un delito motivado por hostilidad religiosa.
Pese a estas dificultades, Poggi destaca que las comunidades cristianas mantienen su vitalidad y esperanza, aunque advierte de que cada familia que abandona Tierra Santa reduce aún más una presencia histórica.





Deja un comentario