Benjamín Netanyahu ganó en escaños las elecciones israelíes del 27 de octubre, pero su bloque no alcanza los 61 necesarios para gobernar. Con más del 85 % de los votos escrutados, de forma provisional, el Likud obtiene 26 escaños y sus aliados suman 53, ocho menos que la mayoría.
Detrás queda Yashar!, la formación liderada por Gadi Eisenkot, con 21 escaños. El bloque opositor suma 48 y los partidos árabes tienen 19, lo que los convierte en decisivos: la oposición depende de ellos para formar gobierno. Los resultados definitivos deben publicarse a más tardar el 4 de noviembre.
La participación fue histórica: votó el 77,7 % del censo, 5.695.682 de 7.331.981 personas, según los datos publicados. A las dos de la tarde ya superaba en dos puntos el récord de 1977, según la Comisión Electoral.
El camino hacia un Gobierno es incierto. La opción más citada es un pacto de la oposición, liderado por Yashar!, con Beyachad, Los Demócratas e Yisrael Beiteinu. Eisenkot prometió no gobernar con partidos árabes hasta que reconozcan a Hamás como organización terrorista, lo que dificulta sobre todo a Ra’am, de carácter islamista. Otra salida sería que los partidos árabes apoyen desde fuera sin entrar en el Ejecutivo. Si nada prospera, podría haber una repetición electoral.
La jornada dejó además denuncias cruzadas que no están confirmadas. Netanyahu acusó a los árabes de intentar «robar» las elecciones, y el Likud, Shas y Amcha Yisrael pidieron ampliar el horario de votación, algo que la Comisión Electoral rechazó. Un organismo no oficial dijo haber detectado votantes ilegales en unos cien colegios, y la organización Adalah denunció desapariciones y retrasos de papeletas árabes, mientras observadores denunciaron la desaparición de papeletas de un partido ultraortodoxo.
La Lista Conjunta, por boca de Yousef Jabareen, se presenta como una lista grande y fuerte que no puede ser ignorada. Si los datos se confirman, serán esos escaños los que decidan si Netanyahu sigue o no al frente del Gobierno.





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