Fuente Unsplah
Organizaciones que trabajan con personas mayores han lanzado una alerta conjunta sobre el repunte de casos de soledad no deseada que registran cada año al terminar el verano, cuando muchas personas mayores que han pasado los meses estivales solas, sin visitas de hijos o nietos, regresan a una rutina marcada por el aislamiento.
Las llamadas a los servicios de atención telefónica para mayores solitarios aumentan hasta un 25% en septiembre, según datos de varias entidades sociales, que atribuyen este repunte al contraste entre la mayor soledad vivida durante las vacaciones familiares y la vuelta a la rutina habitual, donde muchas personas mayores vuelven a pasar semanas sin apenas contacto humano directo.
El fenómeno afecta especialmente a personas mayores de 80 años que viven solas en grandes ciudades, donde el anonimato y la falta de redes vecinales agravan un aislamiento que, según los expertos, tiene consecuencias directas sobre la salud física y mental: mayor riesgo de depresión, deterioro cognitivo acelerado y peor pronóstico ante enfermedades crónicas.
«La soledad no deseada mata tanto como cualquier enfermedad, pero apenas se trata como un problema de salud pública», denuncia una responsable de una de las entidades que impulsan programas de acompañamiento, voluntariado intergeneracional y teleasistencia emocional en varias ciudades españolas.
Las organizaciones reclaman a las administraciones que incluyan la lucha contra la soledad no deseada dentro de las estrategias de salud pública, con financiación estable y no solo campañas puntuales, y piden a la ciudadanía que active mecanismos sencillos de acompañamiento, como llamar o visitar a vecinos mayores que vivan solos.
Mientras se debate cómo abordar estructuralmente el problema, miles de voluntarios continúan sosteniendo, barrio a barrio, una red informal de cuidado que trata de paliar lo que las políticas públicas todavía no logran resolver: el derecho de las personas mayores a no sentirse invisibles.