Fuente Desde la Fe
Un grupo de cuatro universidades de orientación religiosa ha unido fuerzas para analizar los sesgos de la inteligencia artificial en materia de religión. El estudio, pionero en su campo, revela un patrón llamativo: las IAs tienden a esquivar las cuestiones religiosas cuando se les plantean dilemas sobre moral, familia, amor o duelo, pero cuando entran en ese terreno, muestran una inclinación perceptible hacia el catolicismo.
La investigación está liderada por la Brigham Young University (mormona), la Baylor University (baptista), la Universidad de Notre Dame (católica) y la Yeshiva University (judía ortodoxa). Todas ellas forman parte del Consorcio para la Evaluación de la Fe y la Ética en la IA (CEFE-AI), que ya ha presentado sus primeros resultados en una cumbre sobre ética tecnológica celebrada en Atenas.
El proyecto ha analizado el comportamiento de varios modelos de IA —entre ellos ChatGPT, Gemini, Claude y Grok— a partir de miles de preguntas reales relacionadas con ética y creencias religiosas. Uno de los hallazgos más relevantes es que el sesgo religioso en la IA ha sido prácticamente ignorado hasta ahora, pese a su impacto potencial en el discurso público.
Según los datos del estudio, las IAs rara vez incorporan referencias religiosas al responder a cuestiones éticas, a pesar de que una parte significativa de la población considera la religión clave en estos ámbitos. Sin embargo, cuando se les pregunta explícitamente por la adopción o comparación de religiones, aparece una tendencia: el catolicismo recibe valoraciones más favorables, mientras que religiones como los testigos de Jehová, el hinduismo o la fe bahá’í tienden a ser menos mencionadas o valoradas de forma más negativa en algunos modelos.
Los investigadores advierten de que estos patrones no implican intencionalidad, pero sí reflejan posibles sesgos en los datos de entrenamiento o en los filtros de respuesta de los sistemas.
Desde el consorcio subrayan que la religión forma parte del desarrollo humano y debería estar representada en las tecnologías emergentes. Para sus autores, excluir estas perspectivas supone empobrecer el debate ético que la IA está empezando a moldear en la sociedad.
El estudio concluye que es necesario seguir analizando cómo los modelos de lenguaje gestionan la diversidad religiosa, especialmente en un contexto en el que la inteligencia artificial se está convirtiendo en una de las principales fuentes de información para millones de usuarios.